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-Crónicas de una camarera, mi alter ego trabajando en hostelería-

 

Se trata de historias que no sé si son del todo reales o fruto de mi imaginación (que no es poca).

Pero me gusta pensar que es así cuando hago mi trabajo de camarera.

Tienes una reserva hecha con unos cuantos días de antelación. En el correo él ha especificado repetidas veces que es su cena de aniversario, que es una ocasión especial. En otro mensaje lo vuelve a comentar y pregunta por la carta y los precios.

Yo, en un momento de poca empatía, pienso por qué tanta insistencia, tampoco te vamos a comprar un regalo.

Nos cuesta mucho estar sin juzgar a las personas. Bendita manía.

Llega la noche y hay varias reservas, a mí se me olvida que una de ellas es ese aniversario, esa ocasión especial. Pero luego lo deduzco fácilmente.

Porque ellos llegaron asomándose con timidez, y después de unos segundos entraron y preguntaron por su mesa.

Los llevé a su lugar y se sentaron. Hablaban con cuidado, como quien quiere escoger sus palabras. Iban arreglados para la ocasión, y algo en sus actitudes me decía que eran personas sencillas, de las que no salen con frecuencia a cenar a un restaurante y que ahora venían con la intención de disfrutar la velada.

Entonces pensé en los mensajes reiterados, la insistencia en lo especial… que era su aniversario y que quizás para ellos, salir una noche a cenar constituía un momento excepcional después de un tiempo de ahorro, el homenaje a una fecha que bien valía la pena, que no era la salida semanal o quincenal de muchos al restaurante que quieres conocer.

Para ellos era realmente una cena diferente. Y yo sentí que tenía por delante la bonita responsabilidad de procurarles la mejor noche posible.

Quién dice que el trabajo de camarero no es importante si nos encargamos de regalar muchas veces momentos de felicidad…

Les tomé nota, les llevé la bebida y dejé la comanda en la cocina. Habían pedido todo para compartir, así que fuimos sacando los platos de a poco. Cada vez que recogía el terminado me decían que les había gustado mucho.

Llegó el momento del postre y se pidieron uno para cada uno. Entonces me llevé unas velas a la cocina y las pusimos en los dulces para desearles felicidad.

Los recibieron con sorpresa y con una sonrisa sincera. Después les ofrecí unos chupitos de invitación que aceptaron.

Pasado un rato me pidieron la cuenta, se las llevé y les cobré en efectivo, él me dijo que lo restante era la propina.

Después de otros minutos se levantaron para irse, se acercaron a la barra donde estaba, él extendió su mano para que yo le diera la mía y despedirse, a mí me llamó la atención el gesto, porque nunca me ocurre y por lo amable que me resultó.

Me dieron las gracias de nuevo por la velada que habían tenido. Yo les devolví el agradecimiento por visitarnos. Por visitarnos y, aunque no se los dije, por darme también -ellos a mí- una noche especial.

 

cena de aniversario, la gastrorredactora

Cena de aniversario

 

Laura Vivas

Periodista y escribidora. Ante todo buscadora. Especialista en creación y corrección de contenidos online e historias gastronómicas. Veo, huelo y como, luego escribo.

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